Desde las niñas y niños para toda la comunidad

María Elena Walsh – El cielo en la vereda, paisajes para jugar

Un recorrido por este mágico espacio del Polo Cultivar lo Humano

Un jacarandá cuelga por encima de niños y niñas que confeccionan escarapelas con telas de tonos violetas, como las flores de ese árbol. La escena le da vida a esa canción de María Elena Walsh, nodriza de las infancias, protagonista de la muestra montada en el Polo Cultivar lo Humano de Tecnópolis. «El cielo en la vereda, paisajes para jugar» es una exposición lúdica y escenográfica que pretende mostrar los distintos aspectos de la vida de la autora: su mirada juglar, su faceta de escritora de cuentos, poemas y canciones, y su posicionamiento político e ideológico favor de la vida, la libertad, los derechos y la imaginación. La muestra fue realizada con el apoyo de la ANSES.

 

“Acá uno, una, se encuentra con el mundo Walsh, con la poesía hecha en volumen. María Elena fue una de las figuras más importantes del arte argentino, y sobre todo de la comprensión de la infancia, el absurdo, el disparate… rescató las coplas porteñas, los romances del siglo XVII, hizo un trabajo de escritura de una originalidad que no se volvió a ver en este país y dejó la vara muy alta en el trabajo de la literatura para niños y niñas”, dice Chiqui González, impulsora del proyecto, ex ministra de Cultura en Santa Fe y creadora del Tríptico de la Infancia y del Tríptico de Imaginación.

 

Personas adultas y pequeñas intervienen en los distintos dispositivos que dejan expuesta la obra integral de María Elena. La propuesta no tiene barandas, ni sogas que separen al público de ellos. Y así experimentan lo comunitario, lo colectivo y tienen un lugar activo en el juego. Todo está en movimiento. “La muestra no es guiada, no tiene ni principio ni final, es espiralada, cada quién la recorre como quiere. Quienes guían tuvieron capacitaciones para darle vida. Son como chamanes invitando a jugar y haciendo que no sea una cosa quieta. Siempre la pregunta es: ¿querés jugar? Y el cuerpo se pone distinto ante esa invitación”, explica Florencia Barés, coordinadora general de la muestra.

 

 

Además del hall donde se confeccionan las escarapelas, hay otros dos grandes sectores con distintos módulos que apuntan a promover el pensamiento mágico, la producción de metáforas y la imaginación. En uno abre paso un enorme árbol blanco que en vez de flores da sombreros, también un carromato de títeres, una mesa larga con teteras que cantan, el trono de la Reina Batata, un sector de lectura y más.

En el otro, una mesa espera para bordar en el mantel las palabras que no se quieren olvidar; hay una soga para que las y los visitantes cuelguen las sábanas impresas con los derechos de todas y todos; también un escritorio que invita a escribir un legado para las infancias y un arenero para armar castillitos. Otros y otras autoras se hacen presentes y dialogan con María Elena en la muestra: Virginia Woolf con su Cuarto Propio, Antonio Berni con sus cuadros, Pablo Neruda con sus poemas.

 

“Aquí las canciones están hechas actividades de juego, comprendidas desde su concepto más importante: por ejemplo, que el jacarandá es una escarapela en nuestras vidas, o que María Elena está llena, como Manuelita, de viajes y valijas para conocer el mundo. Hablamos del lenguaje, de la poética y de la política de ella: hay una sala entera de sus canciones contra la dictadura y todo autoritarismo, hay canciones sobre el feminismo, hay un trabajo de las mujeres textiles. María Elena esta volviendo a un lugar como Tecnópolis, un lugar de semejante expansión, igualdad y capacidad de creación”, concluye González.

 

La muestra se puede visitar todos los viernes, sábados, domingos y feriados de 12 a 20 h – Sacá tus entradas al Parque acá

 

 

 

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